Una reseña a Más Humano, Más Espiritual

Una reseña a Más Humano, Más Espiritual

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Conocí a Jorge Ostos a través de algunos amigos en común y después de ahí hemos mantenido una buena amistad. Jorge es un hombre que practica lo que predica; recuerdo que, después de leer su primer libro, le manifesté algunos desacuerdos sobre algunas partes del mismo y me contestó de una manera muy amable y amistosa. La respuesta que recibí de Jorge me sorprendió mucho porque en la actualidad nos toca vivir tiempos donde no es común encontrarse con personas que estén abiertas al diálogo de una manera amorosa. La mayoría de los debates que encontramos en las redes sociales parecen indicar que ahora lo que importa es ganar los argumentos y no a las personas. Jorge es un buen recordatorio de que debemos interactuar con los demás con paciencia y amor, aún si éstos no comparten nuestras posturas.

Dado que Jorge también es un gran pensador, considero que es importante leer lo que escribe y considerar sus argumentos.  He aquí mi reseña de su último libro.

En consonancia con lo que han venido mostrando autores como Jurgen Moltmann, Richard Middleton, N. T. Wright, Oren Martin, Albert Wolters,  etc., Jorge nos muestra en Más humano, más espiritual una visión bíblica de los planes de Dios para este mundo.

En el capítulo 1, el autor expone la falsa creencia de un cielo etéreo e inmaterial como un lugar al que “escapamos” de este mundo. La esperanza del cristianismo popular se ha reducido a “ir al cielo” cuando muramos, en lugar de una renovación del cosmos en la “era venidera” de la que tanto predicó Jesús. De una manera muy clara (y correcta), Jorge nos muestra que

“nosotros –como seres humanos– hemos sido diseñados espe­cíficamente para un lugar como el que Dios hizo precisamente para nosotros: la Tierra. Dios nunca abandonó ni abandonará su plan original de que los seres humanos moren la Tierra, tal como nos enseña la Biblia. De hecho, creo que el clímax de la historia será la creación del Nuevo Cielo y Nueva Tierra: un universo renovado, redimido y restaurado, habitado por personas resuci­tadas que vivirán con un Jesús resucitado, como su Rey y Señor” (pp. 28-29).

Creo que esa es la escatología bíblica que tenemos que recuperar, Jorge es un ejemplo de cómo debemos moldear nuestro pensamiento escatológico por la biblia directamente y no por las películas o libros sensacionalistas famosos en gran parte del cristianismo popular. La visión bíblica es que “Dios que es espíritu, vino a habitar en la materia para redimir la materia” (p. 30).

En el capítulo 2, el autor continúa explicando que la esperanza del cristiano va mucho más allá de escapar de este mundo, y más bien se refiere a ser redimidos con el mundo. Es curioso observar que, en su concepción del cielo, gran parte del cristianismo está más influenciada por las ideas de Platón que por las de Jesús. Aquí Jorge nos muestra cómo el plan de Jesús es renovar y restaurar todas las cosas en la venida de su reino.

Los capítulos 3 y 4 son una muy buena exposición de la cruz de Cristo y su íntima relación con la resurrección: “la resurrección de Cristo no es un hecho separado de la crucifixión” (p. 50). No puedes tener una cosa sin la otra, “el Jesús resucitado es el Jesús crucificado, y el Jesús crucificado es el Jesús resucitado” (p. 51). Tal como Jorge nos muestra en las páginas de estos capítulos, tenemos a un “Cristo Victorioso” que ha vencido los poderes del mal y a la muerte misma. Esa visión del Cristo victorioso debe llevarnos a tomar una actitud optimista en este mundo. Su victoria es nuestra victoria. Esa es la mejor esperanza que podemos tener en un mundo defectuoso.

Si nos quedáramos sólo con los capítulos anteriores, tendríamos sólo la visión del “ya” del reino pero nos faltaría la parte del “todavía no”. Por ello, el capítulo 5 es una clara exposición de las dificultades y los sufrimientos a los que nos enfrentamos aún como cristianos. Como ya Jorge había señalado en los capítulos anteriores, Cristo es vencedor y en él hay esperanza en medio de este mundo imperfecto. “Dios quiere que aprendamos a ser felices a pesar de las situaciones difíciles que encontramos en este mundo defectuoso, confiando que Él nos dará exactamente lo que necesitamos” (p. 77). No debemos resignarnos al sufrimiento, debemos avanzar a través de él siendo conscientes de la esperanza que tenemos en el Jesús Victorioso.

Ese reino de Dios esperado “no es sólo una verdad que debemos creer sino una que debemos vivir” (p. 83). Así, el autor nos muestra en el capítulo 6 que “el propósito de Dios no es que huyamos, no es excluirnos de nuestro entorno, sino más bien que seamos agentes de transfor­mación en esta Tierra: embajadores del reino” (p. 82). Dicha transformación, según Jorge, no se puede lograr solamente mediante esfuerzos o ideologías políticas sino a través de la obra transformadora de Dios.

El capítulo 7 es un llamado a que la iglesia invisible se haga visible en este mundo, “anunciando el amor y el propósito de Dios para la creación” (p. 100). De acuerdo con Jorge, la individualidad, en su sentido más estricto, debe llevarnos a la comunidad y a la iglesia. En este sentido, “la oración no puede nunca reemplazar el trabajo de la iglesia…Orar sin trabajar es una completa hipocresía” (p. 103). El autor nos recuerda que “hay un grave problema cuando la teología se vuelve un objetivo en sí misma, y se convierte en algo más importante que el amor al prójimo” (p. 109).

Con lo anterior en mente, el capítulo 8, es un llamado a amar al prójimo y a considerar la no-violencia como la actitud que debe adoptar el cristiano. Jorge nos presenta la actitud compasiva y amorosa de Jesús, según él,

“la no-violencia está basada completamente en el amor. Por esto, una actitud cristiana amorosa y no-violenta es clave para solucionar los conflictos, y para eliminar el mal de nuestros corazones, y del de los demás. La violencia crea en los demás odio. Si se multiplica la violencia, pues se multiplica el odio. Lastimar a otra persona, simplemente porque fuimos lasti­mados, es multiplicar el dolor de los dos.  El odio no elimina al odio. La violencia no elimina la violencia. El error no se puede corregir con el error. El mal no elimina el mal. El mismo Dios ama a sus enemigos, los bendice, les hace bien, y creo que eso es perfección. Jesús nos ha dado el ejemplo perfecto de esto” (p. 134).

Finalmente, los capítulos 9 y 10 son una invitación a vivir una vida de amor centrada en la grandeza de la persona de Jesucristo. Jorge nos recuerda que no debemos tener temor porque el perfecto amor de Dios expulsa todo nuestro temor. El mandato que tenemos como cristianos es amar; mayormente aun: “el amor no es un simple deber, es el destino que tenemos” (p. 148). El amor nos permite ser más humanos, más espirituales. “La verdad sin amor mata, y el amor sin verdad miente” (p. 144). “El amor no se coloca en nuestras agendas. El amor debe ser la base de nuestra agenda diaria” (p. 156).

Algunos comentarios

El autor nos hace una recomendación desde el prefacio del libro, a saber: “que tu intención sea meditar y reflexionar, y no te limites a criticar y racionalizar cada palabra contenida en este libro” (p. 14). Con esa recomendación en mente, me voy a aventurar a hacer un par de comentarios muy generales acerca de algunos puntos específicos del libro:

  • La premisa general del libro es que al ser humanos nos hacemos más espirituales. Jorge tiene claro lo anterior y hace algunas definiciones desde el prefacio del libro. Por ejemplo, ser humanos implicaría algo como lo siguiente: ser como Cristo=ser más humanos= ser más espirituales (pp. 12-13). Se entiende implícitamente a lo largo de todo el libro que ser más humano implica ser más como Cristo, tener una concepción de una renovación física del cosmos entero, amar al prójimo, interesarnos por la creación, trabajar como iglesia en el mundo, etc. No obstante, no es del todo claro que el autor nos muestre lo anterior de una manera explícita en los capítulos correspondientes. Me hubiera gustado ver algunas recapitulaciones en cada uno de los capítulos que abonaran a la premisa general del libro.
  • En algunas partes del libro hay afirmaciones de las que no estoy muy seguro que sean del todo correctas. Por ejemplo, Jorge afirma lo siguiente: “Me atrevo a afirmar que no había ninguna fe en que un «cielo» era de importancia religiosa alguna para ellos. En la visión hebrea, vemos un pensamiento terminal sobre la muerte. Algo como que un hombre al morir, es un hombre que no tiene fe alguna en ningún tipo de estado futuro” (p. 24). Creo que algunos pasajes del Antiguo Testamento van en contra de la afirmación anterior, tengo en mente pasajes como Daniel 12:2, Isaías 26:19, Oseas 13:14, Lucas 18:18, y algunos pasajes de 2 de Macabeos. En dichos pasajes es claro que, al menos parte de la visión hebrea, tenía la esperanza de una resurrección grupal e individual del pueblo de Dios, lo que indica que sí tenían una creencia en una vida futura.
  • Algunos desacuerdos que tengo con Jorge no residen en lo que él afirma sino en lo que niega. De acuerdo con él, “la cruz es muchas cosas, pero no me parece una compensación para apaciguar a un Dios airado. La cruz es la revelación suprema de la naturaleza misma de Dios. En la cruz, Jesús no nos salva de Dios; en la cruz Jesús revela a Dios como Salvador. Cuando nos fijamos en la cruz no vemos lo que Dios hace, vemos quien Dios es…La cruz no es una escena de pago, es una imagen de perdón” (p. 54). De igual manera, “Jesús no ha muerto como un sacrificio expiatorio substitutorio para saciar la ira de la Deidad, en el que la ley volvió a ser restaurada como se concebía en el judaísmo” (p. 57). Es claro ver que Jorge se adhiere a la posición Christus Victor de las teorías de la expiación y rechaza la teoría conocida como sustitución penal. Considero que, en primer lugar, la teoría de la sustitución penal, tal como Jorge la presenta, es una concepción errónea de la doctrina, en realidad lo que Jorge rechaza es una mala caracterización de la misma. En segundo lugar, para aceptar el Christus Victor no es necesario rechazar la sustitución penal, y para aceptar la sustitución penal no se necesita desechar el Christus Victor. Ambas teorías se complementan: no necesitas escoger una o la otra, puedes aceptar las dos visiones al mismo tiempo. En mi opinión, la alternativa más bíblica es aceptar el Christus Victor a través de la sustitución penal (esto ha sido defendido por grandes teólogos como Henri Blocher, Sinclair Ferguson, Graham Cole, Kevin Vanhoozer, y últimamente, Jeremy Treat).

Sigo pensando que pasajes como Romanos 3:24-26, 5:9, 8:3, y Colosenses 2:13-15 se explican mejor incorporando la visión de la sustitución penal (Por poner un ejemplo, si rechazamos la sustitución penal, entonces ¿qué es lo que Jesús estaba bebiendo en la cruz en Mr 14:36 y Mt 26:39?).

  • En algunos capítulos, me da la impresión de que el autor presenta la doctrina del amor de Dios como incompatible con la ira y la justicia de Dios. Creo que no podemos entender el amor de Dios en su plenitud si no consideramos también sus demás atributos, especialmente su ira y justicia. Los atributos de Dios no son incompatibles entre ellos, más bien, éstos se complementan. Después de todo, D.A. Carson tiene razón al señalar que la doctrina del amor de Dios es una doctrina difícil. No obstante, con respecto a los aspectos prácticos de esta doctrina en la vida del cristiano, estoy completamente de acuerdo con el análisis que Jorge hace en los últimos capítulos: como cristianos debemos caracterizarnos por nuestro amor a Dios y al prójimo.
  • Algunas afirmaciones sobre la libertad humana son controversiales dependiendo de la postura teológico-filosófica que uno sostenga con respecto a la relación entre la soberanía de Dios y la libertad humana.

Los puntos anteriores son sólo algunos desacuerdos y comentarios menores que, aunque pienso que son importantes, no socaban el argumento principal del libro.

Palabras finales

A través de todo el libro es muy notable que Jorge sabe muy bien de lo que está hablando pues expresa con palabras simples algunos temas complejos que actualmente se debaten en la academia. Es común encontrar alusiones a pensadores importantes del mundo teológico y filosófico. Asimismo, el libro es tan bueno que se pueden aplicar los tres tipos de lectura de las que habla en el prefacio (superficial, racional, y espiritual). Una de las mayores virtudes de Más humano, más espiritual es que el autor nos presenta una visión de la teología que está profundamente relacionada con la vida práctica. Mediante los ejemplos que Jorge nos brinda a lo largo de todo el libro, comprendemos que la teología que tengamos influirá y se reflejará en nuestra vida diaria. En suma, Más humano, más espiritual nos enseña que la teología no consiste solamente en analizar temas de una manera abstracta sino también en una manera de vivir, en la actitud práctica que tomamos en este mundo.

Disfruté mucho la lectura del libro. Recomiendo ampliamente Más humano, más espiritual. Uno no necesita estar de acuerdo con todo lo que el autor nos dice para verse grandemente beneficiado por esta gran obra.


Saúl Sarabia vive en Durango, México. Tiene una ingeniería y una maestría en filosofía. Sus intereses principales son la teología bíblica, la historia del cristianismo, la relación entre la teología y la filosofía, la epistemología y las ciencias cognitivas.


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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y traductor. Ha traducido obras de reconocidos autores como Craig Keener, Michael Bird, Juan Martínez. Escribe sobre diversos tópicos como espiritualidad, cristianismo oriental, vida cristiana, entre otros. Es amante de la lectura y la música. Su última publicación fue «Más Humano, Más Espiritual» (Kerigma, 2017).
Junto a su esposa Erika Vari, reside actualmente San Juan, Argentina.

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