Un ortodoxo sobre la Reforma Protestante

Un ortodoxo sobre la Reforma Protestante

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La Reforma Protestante de Martín Lutero cumple 500 años a finales de este mes, y creo honestamente que él se habría sorprendido verla durar tanto tiempo, aunque no tanto porque su proyecto inicial de reforma de la Iglesia de Roma se habría realizado hoy en día, sino más bien porque tenía la impresión de que pronto sería el fin del mundo.

Pero bueno, aquí estamos, ya en el año 2017. Mucho ha pasado en los cinco siglos del Protestantismo.

Como ortodoxo, sería fácil para mí mirar por encima del muro entre Oriente y Occidente y condescendencia echar una mirada sobre –como se diría por allí– el “huevo que Roma puso.” Eso es ciertamente como algunos escritores ortodoxos han visto el protestantismo con su vasta cantidad de denominaciones y movimientos, lo que es el fruto de un cisma que tenía en aquella época ya unos cinco siglos de antigüedad también, cuando Roma rompió con el Oriente ortodoxo.

Un sentimiento similar fue expresado por el escritor ruso Alexis Khomiakov, quien bromeó de que el papa era el “primer protestante” y también que “todos los protestantes son cripto-papistas”; es decir, papas camuflados. Esto, pues los veía principalmente como rebeldes contra la Santa Tradición de la antigua Iglesia.

Decir que los católicos romanos y los protestantes son “dos caras de la misma moneda” se ha vuelto axiomático en muchos tratamientos ortodoxos del cristianismo occidental, y esa moneda se presenta generalmente como para hacer compras en un mercado negro teológico, donde las falsas doctrinas se negocian sin tener en cuenta la tradiciones oficiales de la cristiandad que precedieron al Gran Cisma del siglo XI.

Personalmente, he luchado con estos puntos de vista, tanto hoy como hace varios años atrás cuando empecé a estudiar y tratar de entender las diferencias entre el evangelicalismo de mi adolescencia y la ortodoxia que elegí ya como como un joven adulto.

Con algunas excepciones, casi todos los cristianos actualmente que no forman parte de la Iglesia Ortodoxa no eligieron estar fuera de comunión con ella. Incluso, y tristemente, la mayoría de ellos en realidad ni siquiera son conscientes de que existe. Ellos son –de una u otra forma– herederos del cisma. Y en el caso de los católicos romanos, nos ven como los cismáticos, mientras que para casi todos los protestantes ahora, el cisma ni siquiera es “algo de importancia”. Muchos, no todos, no suelen pensar en los miembros del Cuerpo como si estuvieran dentro o fuera de la comunión, o como si una ruptura en la comunión podría significar estar fuera de la Iglesia.

Así que esta opinión que algunos ortodoxos tienen de los protestantes en particular, simplemente como rebeldes contra la ortodoxia no va a tener mucho sentido para la mayoría de ellos, ya que en gran medida muchos no saben que hay tal cosa como la ortodoxia y realmente no tienen un sentido de estar en rebelión contra algo, incluyendo a Roma como ese “algo”. Para ellos, su manera de adorar y creer es justamente como son las cosas verdaderamente.

Las diferencias importan

La Reforma afectó mortalmente a la eclesiología.

Las iglesias magisteriales todavía conservan una apariencia de eclesiología, pero su elaboración es principalmente una cuestión administrativa más que sacramental o en términos de autoridad apostólica.

El “quién está en comunión con quién”, básicamente se reduce a si las doctrinas y prácticas no se diferencian demasiado en comparación con las propias. Es decir, dos tienen comunión únicamente si las doctrinas que cree uno no se diferencian mucho con las del otro. Sin embargo, todavía hay grupos en comunión unos con otros cuyas doctrinas y adoración son diversas entre sí como la Iglesia Evangélica Luterana en América y la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, por mencionar dos organizaciones grandes.

En términos prácticos, es interesante preguntarse ¿qué es lo que mantiene, por ejemplo, a un conservador luterano convencido de que debería compartir la comunión con un liberal que niega a Cristo como John Shelby Spong de la Iglesia Episcopal? Por otro lado, no quiero imaginar ir a una mega-iglesia evangélica y preguntarles con cuáles iglesias están en comunión… creo que la pregunta ni siquiera tendría sentido.

Sin mucha eclesiología, es un ejercicio prácticamente inútil llamar a alguien hereje solo por decir que no estás de acuerdo con esa persona o que no puede ser admitido por la denominación de tu iglesia. El expulsar a alguien de alguna denominación protestante en particular, no le da a alguien la idea de que hay un anatema real en juego. No es el tipo de cosas en las que la gente empieza a preocuparse por su salvación.

Y sin esa eclesiología, realmente no hay límites a lo que la Sola Scriptura puede llevar a muchos a hacer.

La Biblia puede ser vista como autoritaria pero, ¿la lectura de la Biblia de quién?

Hace un tiempo estuve viendo un debate entre un miembro de la Iglesia Presbiteriana de USA, y uno de la denominación Presbiterianos Evangélicos un tanto más conservadora, la cual está separada de la primera y la acusa de no respetar las Escrituras. El primero dijo que la respetaba. Entonces, ¿quién decide entre ellos?

La Reforma todavía no tiene una respuesta real para esa pregunta.

Actualmente, cualquier respuesta probablemente se vería peligrosamente como un romanismo. Para muchos, si tu visión de la Biblia difiere a ellos, eres simplemente un hijo de Roma.

También creo que la descomunión de la Reforma llevó a lo que el filósofo Charles Taylor llamó una “excarnación” de la fe cristiana, en la cual la vida cristiana se vuelve reducida más a premisas doctrinales y menos a un estilo de vida a la Jesús. Es por eso que casi cualquier cosa que se llame “adoración” es aceptable para la mayoría de los protestantes, siempre y cuando “el mensaje” sea el mismo. Aunque la mayoría nunca lo haría, no hay ningún argumento contra el uso de Death Metal dentro de la iglesia por ejemplo. Si las letras son buenas, estamos bien.

La verdad es que estamos juntos en esto

Es probable que muchos ortodoxos que me leen podrían estar sonriendo y dispuestos a lanzar el primer golpe por mis palabras anteriores, definitivamente no les gusten las siguientes. Pero creo que en realidad tenemos que vernos a nosotros mismos como juntos en todo esto.

Podemos poner la responsabilidad de mucho de eso a los pies del cristianismo de la Reforma, pero todos nosotros lo estamos experimentando. Todos somos herederos en algún sentido de la Reforma. No podemos escapar de ella.

E incluso a nivel personal, y como muchos saben, yo mismo soy heredero de la Reforma.

Los primeros años de mi vida como cristiano fueron en el evangelicalismo. Podría fingir que he superado todo eso ahora, que mi pasado protestante está simplemente eliminado. Pero sería una tontería fingir que no me impactó. Por supuesto que me afectó, y yo diría que fue todo para bien. De mis hermanos y varios pastores y maestros a lo largo de mis primeros años, aprendí a amar a Jesucristo, a amar las Escrituras, y a buscar cosas superiores sobre lo mundano.

También aprendí que el compromiso con la cultura es parte de lo que significa ser cristiano. Los Apóstoles fueron precisamente enviados al mundo por Jesucristo, no para construir fortalezas, sino para que nosotros pudiéramos llevar al mundo entero a la Iglesia. Y hay algunos sectores del evangelicalismo que realmente están tratando de hacer eso, incluso si su proclamación del Evangelio no es todo lo que debería ser desde un punto de vista ortodoxo.

También no puedo dejar de admirar la vitalidad y la dedicación de muchos protestantes, especialmente en términos de su creatividad para contarles a otros acerca del Jesús que aman. La creatividad es perfectamente coherente con la tradición ortodoxa. Si bien algunas nuevas expresiones de creatividad son realmente hostiles a la ortodoxia, algunas están más en línea con el proyecto de los Padres, que respondieron fiel y creativamente a los retos de sus épocas.

Mi última esperanza para la Reforma es que los protestantes fueran reunidos en la Iglesia Ortodoxa. Pero no creo que los ortodoxos podamos proclamar esa esperanza de forma triunfalista si no tenemos alguna esperanza real de que suceda. Nadie nos escuchará si tomamos la postura de que tenemos algo que todo el mundo necesita, y que es mejor que ellos se pongan de rodillas y se arrepientan para que puedan tenerlo.

Si encuentro a un protestante (como me he encontrado a muchos), y él ama a Jesucristo, cree que Él es a la vez Dios y Hombre, y cree en la Santísima Trinidad como está escrito en el Credo Niceno, creo que tenemos la mayoría de las cosas cruciales en común. No pretenderé que eso es todo. Hay, por supuesto, diferencias que realmente importan y tienen implicaciones eternas. Pero si alguien ama a mi Cristo, entonces quiero conocerlo mejor y ver mejor su fe. Y si todavía no ama a mi Cristo, entonces quiero conocerlo de todos modos y tratar de mostrarle a Jesucristo lo mejor que pueda.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero…

No me sentaré e intentaré declarar si la Reforma debería haber ocurrido o no. Ciertamente pienso que Lutero y otros reformadores tenían algunas quejas genuinas y bien fundadas contra Roma. Pero también hay un sentido en el que “no tengo velas en ese entierro”. Yo no soy protestante y no soy católico romano. No tengo que elegir un lado u otro. La autenticidad de la existencia de mi iglesia tampoco está en ningún sentido probada en ese argumento.

Por otro lado, no creo que sea útil gastar nuestro tiempo culpando a las personas que están vivas por las acciones de aquellos que han estado muertos durante siglos. La pregunta es qué hacemos ahora. Esto es, lo que creo que los ortodoxos debemos hacer ahora:

Además de detener la culpa, debemos tener discusiones serias sobre nuestras semejanzas y nuestras diferencias. Debemos tenerlos con integridad y amor. Debemos evitar la polémica y el compromiso. La polémica está reservada para aquellos que socavan activamente y se oponen a la Iglesia, mientras que no puedo imaginar lo que es legítimamente un compromiso en materia dogmática.

También debemos tratar de conocernos mejor y aprender a asombrarnos de la forma en que la gente está tratando de conectarse con Dios, incluso si no estamos de acuerdo con ellos. Podemos apreciar, interpretar y conectar con doctrinas y prácticas que no son nuestras propias, incluso cuando las criticamos.

La clave es que recordemos que las personas que creen y practican esas cosas son precisamente personas, lo que significa que Cristo las desea para Su Iglesia. Y si ya son discípulos de Jesucristo, entonces debemos alegrarnos en su amor por Él, aunque no se parezca exactamente a la nuestra.

Y por último, también debemos invitar persistentemente a toda la humanidad, pero especialmente a otros cristianos, a la herencia de los Padres de la Iglesia, en particular los primeros cristianos que recibieron la fe de los Apóstoles. Debido a su amplia y profunda influencia, todos nosotros en el mundo moderno somos herederos de la Reforma. Pero todos los cristianos son también herederos de los Santos Padres, que recibieron la fe y que canonizaron e interpretaron las Escrituras, y esta es una herencia profunda y rica que no decepcionará a los que buscan a Cristo con un espíritu humilde.

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es colaborador en Preemptive Love Coalition, y miembro de sociedades como: International Jacques Ellul Society, C.S. Lewis Society, Thomas Merton NYC, y The Thoreau Society. Actualmente, se encuentra exiliado en Argentina.

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