Sorprendido por el sacrificio

¿Por qué y cómo leer la Biblia?
31/03/2018

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En 2008 fue publicado un muy interesante libro llamado Surprised by Christ [Sorprendido por Cristo], del Padre Arnold J. Bernstein. Él fue criado en Nueva York por padres judíos ortodoxos cuya fe había sido socavada por el Holocausto, pero aun así emprendió su propia búsqueda personal de significado espiritual.

En Sorprendido por Cristo, el P. Arnold cuenta su viaje desde la ortodoxia judía a la ortodoxia cristiana. Actualmente, vive con su esposa Bonnie en las afueras de Seattle, Washington, donde se desempeña como pastor de la iglesia St. Paul Antiochian Orthodox Church.

Es a causa de este libro,  que he decido publicar esta entrada. Quiero mencionar una sección del libro que realmente me ha gustado, y por eso quiero compartirla: la comparación de la visión judía del sacrificio con la visión cristiana del sacrificio.

Probablemente ya conozcas la visión cristiana prevaleciente del sacrificio en lo que respecta a Jesús: fue un sacrificio por nosotros. Él murió por nuestros pecados, en lugar de nosotros para que podamos vivir.

La visión occidental prevaleciente (tanto protestante como católica romana) es la de la expiación sustitutiva penal:1 “Cristo es un sacrificio de Dios en nombre de la humanidad, tomando la pena de la humanidad por el pecado sobre sí mismo, y apaciguando la ira de Dios. En otras palabras, Dios atribuyó la culpa de nuestros pecados a Cristo, y él, en nuestro lugar, soportó el castigo que merecemos”.

Cuando uno acepta este tipo de punto de vista, es difícil no ver a Dios el Padre como un Dios enojado que solo puede ser apaciguado a través de la muerte de nosotros o de su Hijo perfecto. La visión ortodoxa, tanto cristiana como judía, es completamente diferente. Dios no nos castiga por nuestro pecado; en cambio, Él nos rescata del pecado.

La idea ortodoxa de la expiación está retratada en el himno pascual: “Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteó la muerte con la muerte y sobre los sepulcros dio vida”. Como lo indica el himno, la muerte y la resurrección de Cristo significan que ha vencido muerte y ha liberado a la humanidad.

Pero, ¿por qué se logra esto a través de la muerte en una cruz? ¿Por qué se sacrificó por nosotros, especialmente si no nos adherimos a la idea de expiación sustitutiva penal? Una razón es que aunque el sacrificio no cambia a Dios (como se indica en la sustitución penal), el sacrificio sí nos cambia a nosotros.2

P. James escribe:3

Mientras investigaba el tema, descubrí un aspecto esencial del sistema sacrificial descrito en el Antiguo Testamento: el acto externo de sacrificio debería reflejar el estado interno del oferente que busca la reconciliación personal con Dios. El objetivo del sacrificio era obtener limpieza interior y cambio de corazón, no cambiar a Dios. Esto contrasta con la visión pagana, en la que la eficacia del sacrificio no depende en absoluto del estado del individuo que lo ofrece. Su propósito no es cambiar el estado del oferente, sino apaciguar y cambiar a la deidad… el objetivo [pagano] tiene una motivación materialista y utilitaria; su objetivo no es obtener el cambio interior, la curación o el amor, sino el control sobre otras personas y objetos.

P. James continúa identificando tres propósitos de sacrificio en la Biblia:

  1. El sacrificio fue visto como un regalo. Había muchos tipos de sacrificios que ofrecían los antiguos hebreos (animales, frutas, granos, vino, incienso) pero lo que era realmente importante era que la ofrenda se hacía con el conocimiento de que el ofendido arrepentido le estaba devolviendo a Dios lo que ya era suyo. Una confesión verbal de pecados específicos a menudo acompañaba la ofrenda (Levítico 5:5, 6, 13 – un precursor muy interesante del rito cristiano de la confesión).
  2. El sacrificio fue visto como una forma de comunión. El sacrificio nunca fue destinado a ser sustitutivo (de nuevo, un contraste con las prácticas paganas). Se pensaba que la porción del sacrificio que se quemaba era consumida por Dios, y el resto a menudo era comido por el oferente y el sacerdote. Este aspecto del sacrificio también está presente en la comprensión cristiana de la Eucaristía.
  3. El sacrificio proporciona expiación. Esto es lo que discutí anteriormente: el sacrificio no está destinado a apaciguar a Dios, sino más bien a crear un cambio en el oferente (expiación). Para los judíos, ofrecer un sacrificio era un acto de abnegación y un aspecto de purificación. Esta visión expiatoria del sacrificio es un elemento común entre el judaísmo y el cristianismo ortodoxo. Ambos son diferentes de la visión propiciatoria occidental.

P. James además explica:

Cuando los ortodoxos leen un versículo como “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (1 Corintios 15:3), se entiende que significa que Cristo murió por nosotros, para sanarnos, cambiarnos, hacernos como Él, no es que Él murió en lugar de nosotros. El objetivo final de Su muerte es cambiarnos, no para evitar la ira de Dios.

Esta visión del sacrificio es importante de muchas maneras. Una (de varias) cosas que ayuda a comprender es por qué para los cristianos ortodoxos son tan importante la vida de sacrificio. El cristiano ortodoxo sacrifica tiempo libre para ir a la iglesia y orar, sacrificar recursos a través de limosnas, sacrifica muchos tipos de comida durante los muchos y largos ayunos, etc.

No es que Dios esté complacido cuando no comemos carne o lácteos en ciertos días de la semana, sino que somos tocados, desafiados y cambiados al hacer este sacrificio; es un acto de abnegación y un tipo de purificación cuando rechazamos nuestros deseos y morimos a nuestras pasiones. Lo creas o no, es bastante efectivo.

Finalmente, el P. James cierra el capítulo de su libro con una cita de San Antonio el Grande (siglo IV):

Dios es bueno e inmutable. Él es bueno, y Él solo otorga bendiciones y nunca daña, permaneciendo siempre igual. Nosotros, los hombres, por otro lado, si nos mantenemos buenos al asemejarnos a Dios, estamos unidos a Él, pero si nos volvemos malvados al no parecernos a Dios, estamos separados de Él. Al vivir en santidad, nos unimos a Dios; pero al volvernos malvado lo hacemos nuestro enemigo. No es que Él se enoje con nosotros de una manera arbitraria, sino que son nuestros propios pecados los que impiden que Dios brille dentro de nosotros y nos exponen a demonios que nos torturan. Y si a través de la oración y los actos de compasión obtenemos la liberación de nuestros pecados, esto no significa que hemos ganado a Dios y lo hemos hecho cambiar, sino que a través de nuestras acciones y nuestro regreso a la Divinidad, hemos curado nuestra maldad y así una vez más tenemos disfrute de la bondad de Dios. Por lo tanto, decir que Dios se aparta de los malvados es como decir que el sol se esconde de los ciegos.

¿Cómo vemos a Dios? ¿Cómo vemos la obra de Jesús? ¡Meditemos en ello!


 

  1. Para ver las distintas visiones o teorías respecto a la expiación, véase mi artículo 5 Teorías de la Expiación
  2. Para más sobre estos puntos, puedes consultar Ostos, Jorge. Más Humano, Más Espiritual. Publicaciones Kerigma; (2017)
  3. Todos las citas son de Bernstein, Arnold. Surprised by Christ. Conciliar Press Ministries; (2008). Capítulo 15
Jorge Ostos
Jorge Ostos
Ostos es escritor y traductor. Su última publicación fue el libro «Más Humano, Más Espiritual» (Kerigma, 2017). Por otro lado, Jorge ha traducido obras de reconocidos autores como William L. Craig, Craig S. Keener, Michael F. Bird, Juan F. Martinez, entre otros. Está interesado en tópicos como el cristianismo oriental, los Padres de la Iglesia, la filosofía y el Antiguo Testamento dentro de su contexto en el antiguo Oriente Medio.

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