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Sola Scriptura: la base de la Iglesia Primitiva

Suposición Falsa #2

Las Escrituras fueron la base de la Iglesia primitiva, mientras que la Tradición es simplemente una corrupción humana que surgió mucho más tarde.

Especialmente entre los evangélicos y carismáticos de hoy en día, encontrarás que la palabra “tradición” es un término despectivo. Etiquetar algo como una “tradición” es más o menos equivalente a decir que es “carnal”, “espiritualmente muerto”, “destructivo” o “legalista”.

Antes de continuar, por favor leer mis artículos sobre qué es realmente la Tradición.

A medida que los protestantes leen el Nuevo Testamento, parece claro para ellos que la Biblia siempre condena la tradición como opuesta a las Escrituras. La suposición es que los primeros cristianos se parecían mucho a los evangélicos o carismáticos actuales, pero con barbas y togas. Que los cristianos del primer siglo hubiesen tenido cultos litúrgicos, u obispos, o que se hubieran adherido a alguna tradición, es inconcebible. Solo más tarde, “cuando la Iglesia se corrompió”, es cuando se imaginan que tales cosas ingresaron a la Iglesia.

Para los protestantes (y para mí) es un duro golpe cuando estudian la Iglesia primitiva y los escritos de los primeros Padres, y comienzan a ver una imagen claramente diferente de la que imaginaron.

Uno encuentra, por ejemplo, que los primeros cristianos no llevaban sus Biblias con ellos a la iglesia cada domingo. Era tan difícil adquirir una copia de partes iguales de las Escrituras, debido al tiempo y los recursos involucrados en hacer una copia, que muy pocos individuos tenían sus propias copias. En cambio, las copias de las Escrituras fueron guardadas por personas designadas en la iglesia, o guardadas en el lugar donde la iglesia se reunía para la adoración (en cuyo contexto las Escrituras se leían corporativamente).

Además, la mayoría de las iglesias no tenían copias completas de todos los libros, ni siquiera del Antiguo Testamento, y mucho menos del Nuevo Testamento, que no se completó hasta el final del primer siglo, y no en su forma canónica final hasta el siglo IV. Esto no quiere decir que los primeros cristianos no estudiaron las Escrituras; lo hicieron en serio, sino como un grupo, no como individuos. Y durante la mayor parte del primer siglo, los cristianos fueron limitados en su estudio de las Escrituras al Antiguo Testamento. Entonces, ¿cómo sabían la verdad del Evangelio, la vida y las enseñanzas de Cristo, cómo adorar, qué creer acerca de la Persona y la naturaleza de Cristo? Pues, tenían la Tradición transmitida de los Apóstoles.

Claro, muchos en la Iglesia primitiva escucharon estas cosas directamente de los Apóstoles, pero muchos no lo hicieron. Las generaciones posteriores tuvieron acceso a las escrituras de los Apóstoles a través de cartas, y finalmente del Nuevo Testamento, pero la Iglesia primitiva dependía casi por completo de la tradición oral y litúrgica para su conocimiento de la Fe Cristiana.

Esta dependencia de la Tradición es evidente en los escritos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, Pablo exhorta a los Tesalonicenses: “Así que, hermanos, estad firmes y guardad las tradiciones que habéis aprendido, sea por palabra [tradición oral] o por nuestra epístola” (2 Tesalonicenses 2:15).

La palabra aquí traducida “tradiciones” es la palabra griega paradosis. La palabra misma literalmente significa “lo que se transmite, o se entrega”. Es la misma palabra usada cuando se refiere negativamente a las falsas tradiciones de los fariseos (Marcos 7:3, 5, 8), y también cuando se refiere a la enseñanza cristiana autorizada (1 Corintios 11:2; 2 Tesalonicenses 2:15).

Entonces, ¿qué es lo que hace que la tradición de los fariseos sea falsa y la de la Iglesia verdadera? ¡La fuente!

Cristo dejó en claro cuál era la fuente de las tradiciones de los fariseos cuando los llamó “tradiciones de los hombres” (Marcos 7:8). Pablo, por otra parte, en referencia a la Tradición cristiana, declara: “Os alabo hermanos, que en todo me recuerden y que se aferren a las tradiciones [paradosis] del mismo modo en que les entregó [paredoka, una forma verbal de paradosis] a ustedes” (1 Corintios 11:2). ¿Y de dónde sacó Pablo estas tradiciones en primer lugar? “Recibí del Señor lo que les entregué [paredoka]” (1 Corintios 11:23).

A lo que se refiere la Iglesia Ortodoxa cuando habla de la Tradición Apostólica es “la Fe una vez entregada [paradotheisa] a los santos” (Judas 3). Su fuente es Cristo, y fue entregado personalmente por Él a los Apóstoles a través de todo lo que dijo e hizo, que, si todo estuviera escrito, “el mundo mismo no podría contener los libros que tendrían que escribirse” (Juan 21:25). Los Apóstoles a su vez entregaron esta Tradición a toda la Iglesia. Y la Iglesia, al ser depositaria de este tesoro, se convirtió así en “la columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15).

El testimonio del Nuevo Testamento es claro en este punto: los primeros cristianos tenían tradiciones orales y escritas que recibieron de Cristo a través de los Apóstoles. Para la tradición escrita, al principio solo tenían porciones: una iglesia local tenía una epístola, otra quizás un Evangelio. Gradualmente estos escritos fueron reunidos en colecciones, y finalmente, bajo la guía del Espíritu Santo en la Iglesia, se convirtieron en el Nuevo Testamento. ¿Y cómo sabían estos primeros cristianos qué libros eran auténticos y cuáles no? Porque (como ya se dijo) había numerosas epístolas y evangelios espurios que los herejes decían haber sido escritos por los apóstoles. Fue la Tradición Apostólica lo que ayudó a la Iglesia a tomar esta determinación.

Los protestantes reaccionan violentamente a la idea de la Santa Tradición simplemente porque la única forma que generalmente se han encontrado es el concepto distorsionado de la tradición que se encuentra en el catolicismo romano. Contrariamente, a la visión romana de la tradición, personificada por el Papa y que desarrolla nuevos dogmas sin fundamento apostólico, como la infalibilidad papal, los ortodoxos no creen que la Tradición cambie o se “desarrolle”.

Ciertamente, cuando la Iglesia se enfrenta a una herejía, puede verse obligada a definir con mayor precisión la diferencia entre la verdad y el error; pero la Verdad nunca se altera. Se puede decir que la Tradición se expande o madura, pero solo en el sentido de que a medida que la Iglesia se mueve a través de la historia, no olvida sus experiencias en el camino. Recuerda a los santos que surgen en él, y conserva las escrituras de aquellos que han declarado con precisión su fe. Pero la Fe misma fue “entregada a los santos” (Judas 3).

¿Cómo podemos saber que la Iglesia ha preservado la Tradición Apostólica en su pureza? La respuesta corta es que Dios la ha preservado en la Iglesia porque prometió hacerlo. Cristo dijo que edificaría su iglesia y las puertas del hades no prevalecerían contra ella (Mateo 16:18). Cristo mismo es la Cabeza de la Iglesia (Efesios 4:15, 16), la Iglesia es Su Cuerpo (Efesios 1:22, 23), y Él ha prometido estar con la Iglesia “hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Cristo no prometió que su Iglesia sería siempre próspera, o la más numerosa de las religiones; de hecho, prometió todo lo contrario (Mateo 7:13, 14; 10:22; Juan 15:20). Tampoco Cristo prometió que no habría pecadores en la Iglesia (Mateo 13: 47-50), o que no tendría que lidiar con pastores o lobos falsos vestidos de ovejas (Juan 10: 1, 12, 13). Pero Cristo prometió una Iglesia permanente y finalmente triunfante, que tendría Su presencia permanente, y sería guiada a toda la Verdad por el Espíritu Santo (Juan 16:13). Si la Iglesia perdiera la pureza de la Tradición Apostólica, entonces la Verdad tendría que dejar de ser la Verdad, ya que la Iglesia es la columna y el fundamento de la Verdad (1 Timoteo 3:15).

La concepción protestante común de la historia de la Iglesia –que la Iglesia cayó en la apostasía desde la época de Constantino hasta la Reforma, casi 1500 años tirados por la ventana– ciertamente hace que estas y muchas otras escrituras carezcan de significado. Si la Iglesia hubiera dejado de ser por un solo día, entonces las puertas del hades habrían prevalecido contra ella en ese día.

En cuanto a los que postulan que hubo un grupo de protestantes creyentes que vivían en cuevas en algún lugar durante mil años, ¿dónde está la evidencia de la existencia de ese grupo? Los valdenses, que son reclamados como antepasados ​​por todas las denominaciones, desde los pentecostales hasta los testigos de Jehová, no existían antes del siglo XII. Muchos de los primeros historiadores protestantes afirmaron que los valdenses representaban un remanente de cristianos “verdaderos” que habían existido antes de Constantino. Aunque hoy ningún historiador creíble haría una afirmación tan sin fundamento, muchos fundamentalistas y cultos como los Testigos de Jehová siguen reclamando descendencia de la Iglesia primitiva a través de los valdenses, a pesar del hecho de que los valdenses todavía existen hasta nuestros días, y ciertamente no reclaman lo que los testigos de Jehová. Es, por decir lo menos, un poco exagerado creer que estos verdaderos creyentes sufrieron valientemente bajo las feroces persecuciones de los romanos, y sin embargo se habrían dirigido a las colinas tan pronto como el cristianismo se convirtiera en una religión legal. Sin embargo, incluso esto parece posible si se compara con la idea de que ese grupo podría haber sobrevivido durante mil años sin dejar rastros de evidencia histórica que demuestre que alguna vez existió.

En este punto, uno podría objetar que hubo ejemplos de personas en la historia de la Iglesia que enseñaron cosas contrarias a lo que otros enseñaron, entonces, ¿quién puede decir qué es la Tradición Apostólica? Y, además, si surgió una práctica corrupta, ¿cómo podría distinguirse más tarde de la Tradición Apostólica?

Los protestantes hacen estas preguntas porque en la Iglesia Católica Romana surgieron tradiciones nuevas y corruptas. Pero esto sucedió porque el Occidente latino alteró primero su comprensión de la naturaleza de la Tradición.

La comprensión ortodoxa, que había prevalecido anteriormente en Occidente y que se conservó en la Iglesia ortodoxa, es básicamente que la Tradición es, en esencia, inmutable y se la conoce por su universalidad o catolicidad. La verdadera Tradición Apostólica se encuentra en el consenso histórico de la enseñanza de la Iglesia. Encuentra aquello que la Iglesia siempre ha creído, a lo largo de la historia y en todas partes, y habrás encontrado la Verdad. Si se puede demostrar que alguna creencia no fue recibida por la Iglesia en su historia, entonces es una herejía.

Sin embargo, tenga en cuenta que estamos hablando de la Iglesia, no de grupos cismáticos. Hubo cismáticos y herejes que se separaron de la Iglesia durante el período del Nuevo Testamento, y ha habido un suministro continuo de ellos desde entonces. Porque, como dice el apóstol, “debe haber también herejías entre vosotros, para que los aprobados sean manifiestos” (1 Corintios 11:19).

Jorge Ostos
Jorge Ostos
Ostos es escritor y traductor. Su última publicación fue el libro «Más Humano, Más Espiritual» (Kerigma, 2017). Por otro lado, Jorge ha traducido obras de reconocidos autores como William L. Craig, Craig S. Keener, Michael F. Bird, Juan F. Martinez, entre otros. Está interesado en tópicos como el cristianismo oriental, los Padres de la Iglesia, la filosofía y el Antiguo Testamento dentro de su contexto en el antiguo Oriente Medio.

2 Comments

  1. Freddy Ulate dice:

    Que tal Jorge. Muy buenos artículos. Gracias por compartir tus ideas.

    Tengo dos preguntas:

    1. ¿Qué libros de la Iglesia primitiva leíste (Y cuáles recomiendas) que te llevaron a dichas conclusiones con respecto a la tradición?

    2. ¿Qué traducción de la Biblia leen los ortodoxos? Pues en las citas textuales que anotaste la RVR1960 la traducen como “doctrina” o “enseñanza” en vez “tradición”. ¿Hay alguna diferencia significativa? ¿Qué opinas al respecto?

    • Jorge Ostos dice:

      Hola Freddy, recibe un cordial saludo. Gracias por tus sinceras palabras.

      1. Estos son algunos libros que he leído:

      – Didaché (Enseñanza de los doce apóstoles) Siglo I
      – Carta a los Filadelfios de Ignacio de Antioquia (Siglo I)
      – El Pastor de Hermas (Siglo I-II)
      – Stromata y Misceláneas de Clemente de Alejandría (Siglo II)
      – Contra las herejías de Ireneo de Lyon (Siglo II)
      – Las Doctrinas Fundamentales de Orígenes (Siglo II)
      – Prescripciones contra todas las herejías de Tertuliano (Siglo II)
      – La Tradición Apostólica de Hipólito de Roma (Siglo III)
      – De la Unidad de la Iglesia de Cártago (siglo III)
      – Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea (Siglo III)
      – Espíritu Santo de San Basilio el Grande (Siglo IV)
      – Medicine Chest Against All Heresies de Epifanio de Salamina (Siglo IV)
      – Carta a Jenaro, Sobre el bautismo, contra los donatistas, Carta a Dióscoro y Contra los Maniqueos de Agustín de Hipona (Siglo IV-V)
      – Homilía sobre la segunda epístola a los tesalonicenses de San Juan Cristóstomo (Siglo V)

      Recomiendo algunos muy buenos libros sobre los Padres de la Iglesia y el cristianismo primitivo como:

      – Historia de la Iglesia de Eusebio
      – Padres Apostólicos de Daniel Ruiz Bueno
      – Los Padres Apostólicos de J. B. Lightfoot
      – Patrología de Johannes Quasten
      – The Faith of the Early Fathers de William A. Jurgens
      – The Church Fathers de Dave Armstrong

      *Todos los libros mencionados puedes ser adquiridos en Amazon.

      2. Los ortodoxos leen una traducción literal al español de la versión griega Septuaginta (LXX) en las iglesias con entorno hispanoparlante. No obstante, para fines no-litúrgicos como estudio, grabaciones, compartir, libros, artículos en blogs, se usan distintas traducciones; es decir no hay una “oficial” o “perfecta”. Por eso en mis artículos, generalmente uso la New Revised Standard Version (NRSV), la Nueva Versión Internacional (NVI), la Biblia de las Américas (LBLA), la Biblia de Jerusalén, la Reina Valera (RV), entre otras. Muchas veces las uso por cuestiones de que sea más entendibles, o por cuestiones de a quién va dirigido el escrito (en este caso por eso uso la RV).

      Con respecto a la palabra traducida por “doctrina”, “enseñanza”, “tradición”.
      La palabra griega en el Nuevo Testamento es paradosis. Por favor leer: 1 Corintios 11:2, 2 Tesalonicenses 2:15, 2 Tesalonicenses 3:6 Colosenses 2:8.
      Paradosis significa simplemente algo que va de mano en mano o que pasa de persona a persona. Es interesante ver también que a lo largo del NT el contexto que se le da a “Tradición”, “Palabra de Dios” y “Evangelio”, lo cuales siempre son recibidos o entregados (1 Corintios 11:2, 2 Tesalonicenses 2:15, 2 Tesalonicenses 3:6, 1 Corintios 15:1, 2 Pedro 2:21, Judas 3, y otros). Como dije arriba, mi uso de la Reina Valera va intencionalmente relacionada con el tema tratado en el artículo. Se hace menos relevante el cómo lo traduce la RV, cuando hacemos referencia al término griego en cuestión, y sus paralelos en otros pasajes, así como se menciona en el artículo.

      Abrazo fraternal querido Freddy.

      Dios te bendiga.

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