Justificación: solo un ingrediente de la receta

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Justificación: solo un ingrediente de la receta

Muchos cristianos protestantes, muy a menudo comentan acerca de la inconsistencia del cristianismo ortodoxo en el tema de la justificación por la fe, o incluso dicen que la ortodoxia no tiene tal doctrina de justificación.

De hecho, el término justificación puede ser un poco curioso para la mayoría de los cristianos ortodoxos que no fueron criados en hogares protestantes, ya que rara vez el término aparece en la liturgia ortodoxa o en la discusión teológica. Tal vez se encuentre con mayor frecuencia en la lectura litúrgica de las epístolas.

Un consenso cambiante

La erudición crítica en los últimos 50 años ha comenzado a reevaluar el tema de la justificación en las epístolas de san Pablo en conjunto con nuestra comprensión cada vez mayor del judaísmo del siglo I y su propia comprensión de lo que podríamos describir como “justificación”.

En las diversas teologías sectarias del judaísmo del Segundo Templo que lideraba al tiempo de Cristo y los Apóstoles, los judíos estaban muy preocupados por quién estaba dentro y quién estaba fuera, es decir, quiénes eran los justos ante Dios y quiénes eran los malvados objetos de su ira. Para mantener una posición de ser justo delante de Dios, se esperaba que un judío piadoso viviera en completa fidelidad a la Torá, la Ley de Moisés.

La única pregunta era, ¿basado en la interpretación de quién de la Torá debería uno vivir?

La secta judía responsable de escribir muchos de los Rollos del Mar Muerto creía que solo ellos habían recibido la interpretación correcta de la Torá, dada por un hombre al que llamaban el Maestro de la Justicia, y todos los demás estaban bajo la influencia del Sacerdote malvado o el Hombre de la mentira, que los había llevado por mal camino.

A medida que el Evangelio de Jesucristo llegó a varias comunidades judías en todo el mundo romano, la pregunta naturalmente surgió en cuanto a lo que deberían hacer con respecto a la Torá. Habiendo creído en el Mesías Jesús, ¿deberían ellos guardar la Torá? Además, ¿qué deberían hacer con los gentiles que llegaron a creer en Jesús? ¿Deberían circuncidarse y seguir la Torá?

Pablo y Santiago: Dos perspectivas válidas

La respuesta de san Pablo a esta pregunta fue decisiva e ingeniosa, ya que negaba categóricamente que los judíos o gentiles estuvieran obligados a guardar la Torá, porque habían sido justificados por la fe aparte de las obras de la Torá, como la circuncisión y las regulaciones del kosher. Además, todos habían sido bautizados en un cuerpo, el Cuerpo de Jesús el Mesías, y habían recibido el don del Espíritu Santo que les permitiría hacer lo que la Torá no podía: mantener el justo requisito de la Torá y vivir en obediencia a Dios. Ser bautizado en el Mesías era ser bautizado en su muerte y así morir a la Torá a la que habían sido previamente obligados, y ahora vivir para el Mesías Jesús por la fe y el poder del Espíritu.

Santiago, por otro lado, sostenía que la Torá todavía era útil para instruir en justicia, y que las obras de la Torá debían entenderse simplemente como poner la fe en acción. Mientras Pablo se enfocaba en la Torá como el medio por el cual los judíos buscaban establecer su propia justicia imperfecta delante de Dios, Santiago veía la Torá como un medio eficiente por el cual uno podía vivir en obediencia a Dios por medio de la fe. A pesar de un aparente desacuerdo (que no era real, sino solo una diferencia en el uso de la terminología), parece bastante claro que tanto Pablo como Santiago estuvieron de acuerdo en que tanto la fe como la obediencia a Dios eran componentes necesarios de la salvación, aunque lo describieron de diferentes maneras.

La importancia de todo esto es enfatizar que la justificación es ante todo un asunto con respecto al lugar de la Torá judía en la vida de las primeras comunidades cristianas. Por esta razón, probablemente en la ortodoxia no se sobreenfatiza el término, porque ya no tenemos que lidiar con los mismos problemas que tuvieron que tratar las primeras comunidades cristianas, compuestas por judíos y gentiles sentados en la misma mesa.

Justificación y Salvación

La justificación es solo un aspecto de nuestra salvación en Cristo, que es múltiple e integral. Varios aspectos de esta salvación han sido enfatizados en diferentes épocas o diferentes regiones geográficas (es decir, Oriente y Occidente), pero ninguno puede ser reivindicado exclusivamente como la única comprensión de la salvación. Veamos algunos de estos términos e ideas para poder analizar su conexión y cómo comprenden una visión más completa de nuestra salvación:

Justificación: este término trata de cómo una persona entra y mantiene una relación correcta con Dios. En última instancia, esto es posible gracias a la cruz de Cristo, por medio de la cual hizo expiación por nuestros pecados, otorgándonos perdón y llevándonos a una relación correcta con Dios. La justificación se logra en el bautismo y se mantiene mediante una vida de obediencia a Dios y confesión de pecados.

Santificación: la santificación es el proceso de separar a una persona para uso exclusivo de Dios. La santidad, el resultado de la santificación, es el estado de estar dedicado exclusivamente a Dios. Esto finalmente requiere la purificación del pecado y el desapego del mundo y las cosas materiales. Esto generalmente se ve como un proceso continuo que se experimenta a lo largo de la vida. La santificación se logra a través de la lucha ascética.

Glorificación: el estado final de los cristianos perfeccionados en Cristo después de su segunda venida. La ortodoxia normalmente entiende que esta idea es la culminación de la theosis (ver más abajo).

Adopción: el resultado de ser injertado en el Cuerpo de Cristo a través del Bautismo. Somos adoptados por Dios el Padre como hijos y coherederos con Jesucristo (Romanos 8:15-17). La adopción es el estado por el cual podemos participar de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4) a través de la theosis.

Fe: Este término se puede entender bíblicamente en dos sentidos: (Pablo) confianza, fidelidad o lealtad a Cristo que incluye obediencia y buenas obras, o (Santiago) creencia cognitiva simple (Santiago 2:19) que debe ser complementada con buenas obras.

Obras: Además, este término se usa bíblicamente en dos sentidos: (Pablo) las “obras de la Ley [Torá]” como la circuncisión, las regulaciones kosher y la miríada de otras ordenanzas de la Ley de Moisés que son incapaces de establecernos como justos ante Dios, o (Santiago) buenas obras (en un sentido ético) y obediencia ante Dios que acompañan a la fe genuina.

Theosis/Deificación: Ambos el resultado de ser adoptados como hijos de Dios a través del bautismo en Cristo y el proceso de alcanzar la plenitud de la naturaleza divina y la conformidad con la imagen de Cristo. El concepto de theosis tiene el potencial de ser malentendido cuando se lo quita de unión al concepto de adopción y la vida de la Iglesia. Si se entiende de una manera “mística” o gnóstica como un estado espiritualizado de iniciados de una élite o receptores de alguna gracia especial negada a otros miembros de la Iglesia de Cristo, entonces nos equivocamos de la enseñanza patrística sobre el asunto.

Christus Victor: Literalmente “Cristo el Víctor” (IC XC NIKA), este concepto es quizás la expresión más común de la salvación en el cristianismo ortodoxo. Se caracteriza más acertadamente por la apolytikion pascual: “Cristo ha resucitado de los muertos pisoteando la muerte por la muerte y otorgando vida a los que yacen en los sepulcros”. Somos salvos, porque Cristo ha destruido el pecado y la muerte por su propia muerte, y nos ha dado vida por su resurrección.

Entonces, debemos reflexionar que…

Todos los conceptos anteriores están entrelazados para formar el tapiz completo que es nuestra salvación en Cristo, y ninguno de ellos puede convertirse en exclusivo para ser la verdadera esencia de la salvación.

La justificación es un aspecto importante de nuestra salvación en Cristo, aunque tal vez sea exagerada en ciertos rincones del cristianismo. La justificación es algo experimentado y vivido intrínsecamente por cada cristiano bautizado. La justificación se enseña erróneamente como una piedra angular de la doctrina correcta, pero ella es solo una parte, no la totalidad de nuestra salvación en Cristo. Como tal, no puede considerarse como el aspecto definitivo de la soteriología excluyendo todos los otros aspectos de la misma. La justificación sucede en el bautismo, el punto donde a una persona reconoce su maldad, recibe el perdón de los pecados del Señor y se le coloca en una relación correcta con Dios, y se mantiene mediante una vida de obediencia a Dios y confesión de pecados.

No debemos permitir que las disputas cristianas tempranas sobre la Ley de Moisés nos hagan tropezar al crear falsas dicotomías entre la fe y las obras que no toman en cuenta los diversos matices que los escritores bíblicos dan a estos términos.

Como tal, la Ortodoxia tiene una doctrina de la justificación, aunque no se puede referir explícitamente como tal o enfatizarse tanto como lo sucede en ciertas comuniones protestantes. Los cristianos ortodoxos pueden afirmar con confianza que la ortodoxia considera correctamente que la enseñanza bíblica de la justificación es por fe, aparte de las obras de la Torá, aunque la fe se entiende correctamente como una vida vivida en fiel obediencia a Dios. La justificación es parte integral de la vida de todo cristiano ortodoxo, y si bien no usamos el término tan prominentemente y enfáticamente como los cristianos protestantes, lo tomamos muy en serio.

A Dios Todopoderoso, junto con el Hijo y el Espíritu Santo, sea alabanza y adoración para siempre. Amén.


Adaptación de un escrito de Eric Jobe.

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y traductor. Ha traducido obras de reconocidos autores como Craig Keener, Michael Bird, Juan Martínez. Escribe sobre diversos tópicos como espiritualidad, cristianismo oriental, vida cristiana, entre otros. Es amante de la lectura y la música. Su última publicación fue «Más Humano, Más Espiritual» (Kerigma, 2017).
Junto a su esposa Erika Vari, reside actualmente San Juan, Argentina.

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