Hablar mal de otros

Hablar mal de otros

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Martín Lutero tiene una interesante explicación del octavo mandamiento: «No darás falso testimonio contra tu prójimo» (Éxodo 20:16; Deuteronomio 5:20). Dice: «No debemos mentir a nuestro prójimo, traicionarle, calumniarle, ni dañar su fama, sino que debemos disculparle, hablar bien de él y hacer que todo torne únicamente para lo mejor».

En lugar de andar meditando en los puntos débiles, en lugar de suponer lo peor, debemos pensar únicamente en lo mejor. La hermenéutica de la sospecha debe sustituirse por una filosofía de la protección.

¡Qué interesantes consecuencias puede tener esto!

Me imagino a dos personas juntas que hablan de mí. En vez de averiguar qué he hecho mal o que he dejado de hacer, hablan de mis aspectos más favorables. Y si hay algo que de verdad ha ido mal, estas dos personas me disculpan por ello. Que he tomado una decisión errónea, pues ellas consideran cómo ayudarme para salir de esto.

¡Solo imaginarlo me siento feliz!

Mi novia me ha exhortado varias veces cuando de mi han salido solo críticas y menosprecio hacia mi prójimo. Y cuánta vergüenza siento cuando ella me corrige, y a su vez, cuando imagino escenarios como el anterior, y me pongo en el lugar del criticado.

Qué benéfico resulta cuando otros piensan de una manera tan amable y me protegen incluso cuando evidentemente he fallado en alguna acción. Es posible que lleguen a la conclusión de que debo ser sincero y reconocer mi error porque sólo así irán mejor las cosas. Aquí me pregunto, ¿por qué no actuar de esa manera como me gustaría que actuaran? ¿Por qué hacer leña del árbol caído?

La filosofía de la protección no significa esconder la basura debajo de la alfombra. Se trata de la actitud amorosa fundamental que sólo protege y sigue sirviendo de ayuda una vez que ha dolido.

¿Podría andar exponiendo faltas cuando precisamente a mí se me ha protegido?

Hay en la Biblia una parábola interesante del siervo sin amor, al que se le ha perdonado una enorme deuda y que inmediatamente después manda a la cárcel a un deudor suyo que le debe una cantidad muy inferior (Mateo 18:23-25). No tiene nada de extraño que este hombre acabe mal.

Cuando el corazón no se ensancha de gratitud por el trato amable recibido, de alegría por la amorosa protección, en verdad no puede hacerse nada.

Pienso respecto a como Dios me ve, que conoce mis aspectos claros y los oscuros, a quien no puedo ocultarle ninguno de mis pensamientos ni ninguna de mis faltas. Y que, sin embargo, me ama, me protege y procura que todo se torne de la mejor manera.

¡Hagamos esto con quienes fallan, pues el amor cubre todas las faltas, amemos a nuestro prójimo!

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es traductor de Publicaciones Kerigma. Escribe sobre diversos tópicos como espiritualidad, cristianismo oriental, vida cristiana, entre otros. Es amante de la lectura y la música. Junto a su esposa Erika Vari, reside actualmente San Juan, Argentina.

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