El ingrediente más importante

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Cuando pensamos en nuestra propia vida, nos damos cuenta de la cantidad de retos, dificultades, obstáculos, entre muchas otras cosas que vienen intrínsecas en la existencia.

No podemos negar que, al hablar de la vida en este mundo, nos toparemos siempre con dificultades. Creo que incluso una persona adinerada, de esas que no les hace falta nada (en el sentido material), atraviesan también por dificultades.

Cuando nos movemos al ámbito de lo que llamamos “vida cristiana”, también nos encontramos con dificultades. Aunque en un sentido la vida cristiana es sencilla, en otro no es tan fácil como parece.

PERO, ¿QUÉ HAY DE DIFÍCIL CON SER CRISTIANO?

Esta es una pregunta muy interesante.

Creo que muchos nos hemos preguntado cuál es la parte más difícil de ser un seguidor de Jesucristo. He leído muchas historias, algunas reales y otras más en el género de cuentos con moralejas, sobre lo más difícil de ser cristiano o el mandamiento más difícil, etc.

¿Qué hay de difícil en seguir a Cristo?

¿La abstinencia a ciertas cosas? ¿La lucha contra el pecado o contra uno mismo? ¿Morir a uno mismo? ¿Dejar el egoísmo? Incluso podríamos retóricamente también preguntar ¿Orar y meditar todos los días? ¿No dejar de congregarse?

¿QUÉ HAY DE “SOPORTARSE”?

“…sobrellevando unos a otros”. (Colosenses 3:13; LXX)

Por mucho tiempo yo mismo consideraba este mandamiento cristiano como uno de los más complicados y difíciles de realizar. ¿A quién no le cuesta “soportar” a un amigo, a un jefe, a un compañero de clases, a un colega del trabajo, a un familiar, a quien te daña, a quien te insulta, a quien habla mal de ti a tus espaldas? Lo confieso, es muy difícil soportarlos.

Pero al mismo tiempo creo que la dificultad mayor no está allí.

En otro lado, el apóstol San Pablo nos da más luz a la idea. Allí en la carta a los Efesios leemos:

“… soportándoos en amor”. (Efesios 4:2; LXX)

Vemos entonces que ese “soportar” a los demás tiene una base, es decir, está fundamentado en otro mandamiento mayor: el amor.

¿QUÉ ES MÁS FÁCIL AMAR O SOPORTAR?

A decir verdad, y no les voy a mentir porque todos lo sabemos, los dos son realmente difíciles. No obstante, por algún tiempo he meditado en la diferencia que podemos ver en estos dos términos.

Por ejemplo, la Real Academia de la Lengua Española nos define el verbo soportar como: “Sostener sobre sí una carga… Tolerar”. Basado en esta definición y en lo que sabemos por experiencia, podemos notar que “soportar” es una acción pasiva, por muy contradictorio que parezca. Con “pasiva” quiero decir que, en cierto sentido, carece de acción, de actuación. Es una actitud que se puede efectuar al margen, en otras palabras, sin tener que hacer nada: soporto y ya.

Estoy seguro que así como a mí, te ha pasado que has estado sumergido en una situación en la cual has tenido que soportar a alguien. Si lo pensamos por un momento, nos daremos cuenta que fue una acción o actitud pasiva, solo “soportamos”. Entonces, aunque soportar no es fácil, sí parece más fácil que amar para luego soportar con amor.

Por esta razón dije arriba que el apóstol nos da una pista de la verdad detrás de soportar: el amor.

EL MANDAMIENTO MÁS DIFÍCIL DE TODOS

EL AMOR ES EL INGREDIENTE QUE MÁS SAZONA NUESTRA VIDA CRISTIANA

Es posible que no todos estén de acuerdo conmigo en esto, y la verdad no hay problema con ello. Para muchos quizás amar es algo sencillo.

Personalmente, encuentro el mandamiento de amar y realizar los demás mandamientos partiendo de allí, algo de grandes niveles de dificultad. Algunos que me conocen se preguntarán por qué digo esto; yo, una persona que siempre habla del amor y quien escribió un libro donde su tema central era el amor. Bueno, no confundamos importancia con dificultad. El hecho de que algo sea difícil no implica que no sea importante.

Es cierto, considero el mandamiento del amor como el más importante de todos. Y no es porque sea mi opinión personal, es porque lo he aprendido de Jesús:

“Amarás al Señor tu Dios… Este es el grande y primero mandamiento. El segundo, semejante a él: Amarás a tu prójimo”. (Mateo 22:37-39; LXX)

Por amor respiramos, por amor somos perdonados, por amor somos aceptados, por amor se nos entregó nuestro Señor. El amor es la base de nuestra existencia.

El amor es el tema más común y central en la mayoría de mis escritos, artículos, reflexiones. Trato de que el amor a Dios y a mi prójimo –a pesar de las críticas– sea prioridad en mi diario vivir.

Ahora, por otro lado, también es cierto que es realmente difícil esto. Como dije antes, soportar es difícil, pero mucho más difícil es tener amor por los demás al punto que nos lleve a soportarlos como nos enseña San Pablo.

El amor es un ingrediente dulce y amargo a la vez. Es un ingrediente muchas veces amargo (para referirme a su dificultad), pero es un ingrediente deliciosamente perfecto. Miremos el ejemplo de Jesús en la cruz. Su amor lo llevó a la muerte. ¡Qué doloroso fue esto! ¡Cuánto sufrimiento le fue causado! Esto es lo agrio del amor, pero el sabor dulce que nos deja es plenamente eterno.

EL AMOR ES EL MOTOR DEL CRISTIANO

El amor es el difícil motor que facilita la práctica de los demás mandamientos.

Arriba mencioné algunas preguntas sobre las dificultades del seguir a Cristo.

Dije: ¿La abstinencia a ciertas cosas? La abstención es difícil, es cierto. Pero si nos abstenemos sin amor, nada hacemos. Entonces, el amor se vuelve el mandamiento difícil que nos facilitará el sacrificio.

¿La lucha contra el pecado o contra uno mismo? Esto es realmente difícil. Sin embargo, esta lucha se vuelve más ligera cuando tenemos amor real por el Señor.

¿Morir a uno mismo? Otra dificultad en nuestra vida cristiana.

NO OBSTANTE, EL AMOR ES EL AMARGO INGREDIENTE QUE ENDULZA NUESTRAS FUERZAS PARA CARGAR LA CRUZ. MUERO A MÍ MISMO PORQUE AMO AL SEÑOR. SI NO AMO AL SEÑOR, SERÍA IMPOSIBLE MORIR A MÍ MISMO. ES MÁS, HACERLO EN REALIDAD NO TENDRÍA NINGÚN SENTIDO.

¿Dejar el egoísmo? Un egoísta de por sí no tiene amor por Dios ni por su prójimo. La dificultad está en tener ese amor, el cual sirve como motor para poder morir a nuestro “yo”.

CONCLUSIÓN

Como he ya mencionado arriba, definitivamente el amor, por un lado, es el mandamiento más importante de todos, al mismo tiempo que es el más difícil. Por otro lado, es el mandamiento angular, el motor que mueve al cristiano a cumplir y obedecer a su Señor. Es el ingrediente amargo que endulza nuestra vida cristiana. Es el mandamiento que nos une a Jesús, y a su creación.

El amor es el mandamiento que nos hace ser como Cristo.

Cuando amamos, estamos siendo partícipes de la mismísima naturaleza de Dios. Estamos imitándole perfectamente.

Jesús fue claro y directo con sus discípulos al decirles: “Permaneced en el amor”. Más adelante les dice: “Este es el mandamiento mío: que os améis así como os he amado”.

Aquí cabe resaltar el “como os he amado”. ¿Te das cuenta de la magnitud de esto? Cuando vemos el tipo de amor que nuestro Señor Jesús tuvo: un amor bondadoso, misericordioso, perdonador, sufriente, entregado, incondicional… todas esas y otras características resumidas en lo que dice a continuación: “Mayor que este amor nadie tiene: que alguno su alma ponga por sus amigos”, entonces nos preguntamos: ¿amamos así a los demás?

Luego ratifica lo que dijo anteriormente: “Estas cosas mando: que os améis”. (Juan 15:9, 12, 13, 17; LXX)

Todo lo que Dios quiere que hagamos como su creación, es que le amemos, y nos amemos unos a otros, por más difícil que esto pueda ser.


Publicado originalmente en Preparad el Camino

Jorge Ostos
Jorge Ostos
Ostos es escritor y traductor. Su última publicación fue el libro «Más Humano, Más Espiritual» (Kerigma, 2017). Por otro lado, Jorge ha traducido obras de reconocidos autores como William L. Craig, Craig S. Keener, Michael F. Bird, Juan F. Martinez, entre otros. Está interesado en tópicos como el cristianismo oriental, los Padres de la Iglesia, la filosofía y el Antiguo Testamento dentro de su contexto en el antiguo Oriente Medio.

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