El Dios crucificado

El Dios crucificado

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Aquí hay una gran pregunta

¿Cómo es Dios? Supongo que esta es una de las más grandes preguntas que la teología puede preguntar. Y no hace falta ser un teólogo para hacer esta pregunta. Es una de las preguntas más básicas que enfrenta cualquiera que intente practicar la adoración o incluso sólo pensar en Dios. Pero ¿cómo responder a la pregunta?

Nuestra capacidad de imaginar a Dios parece prácticamente ilimitada. Parte del genio de la antigua religión hebrea era su prohibición en contra de las imágenes de talla única. El problema con los ídolos es que ponen un punto demasiado delgado sobre cómo es Dios.

El segundo de los Diez Mandamientos- “No harás para ti escultura” impidió a Israel reclamar demasiada precisión acerca de su conocimiento de Dios. La imagen de Dios no sería tallada en piedra o en bronce.

Y sin embargo, los cristianos hacen algo diferente; pues nosotros hablamos que la imagen de Dios está definitivamente revelada – definitivamente revelada en la vida de Jesucristo.

Esta es la razón porque la Iglesia, en el Concilio de Nicea en el año 787, falló a favor de iconos, argumentando que desde que Jesús lleva la imagen perfecta de Dios (la palabra griega es ikon), los iconos son, por tanto, una parte aceptable del culto cristiano. Los padres de la iglesia reconocieron que en Cristo, Dios había dado a la humanidad, no un ídolo, sino un icono de la naturaleza divina.

La confesión del Concilio de Nicea fue más que un fallo en apoyo del arte sacro de la iconografía cristiana, que era un reconocimiento de que en la vida de Jesucristo, nos encontramos con una respuesta definitiva a la cuestión de cómo es Dios. ¡Dios es como Jesús!

¿A quién adoramos?

Nosotros, los cristianos somos un pueblo peculiar. Adoramos a un “Dios crucificado,” como lo llama Jürgen Moltmann en su libro homónimo, y del cual he plagiado el título. Todas las religiones más o menos adoran alguna versión de un poderoso y glorioso Dios; pero los cristianos somos los únicos en adorar a un Dios torturado, crucificado traicionado.

Este es el escándalo original de la fe cristiana, la adoración de un Dios que fue clavado en un madero.

En el corazón de la fe cristiana se encuentra el escándalo del Dios crucificado. A través de los siglos ha habido intentos de suavizar el escándalo de un Dios crucificado, dando explicaciones agradables. Estas “teorías de la expiación” son intentos de reducir el escándalo y el misterio de la cruz a fórmulas racionales y utilitarias.

Algunas de estas teorías no son más que insuficientes, mientras que otras son repelentes. Especialmente las teorías que en última instancia retratan a Dios compartiendo algunos atributos de las deidades paganas primitivas. Esto simplemente no es suficiente. ¡Dios no es como Moloc!

Por desgracia, en los últimos mil años la Iglesia occidental ha caído en la idea de que Dios requería la muerte violenta de su hijo con el fin de satisfacer su honor y pagar la justicia (una teoría que fue rechazada con prudencia en la Iglesia Oriental).

En un intento de explicar la cruz de acuerdo con los códigos de honor del feudalismo, el carácter de Dios ha sido brutalmente difamado.

La cruz es muchas cosas, pero no es una compensación para apaciguar a un Dios airado.

Por encima de todas las cosas la cruz, como el momento definitivo en la vida de Jesús, es la revelación suprema de la naturaleza misma de Dios.

En la cruz, Jesús no nos salva de Dios; en la cruz, ¡Jesús revela a Dios como Salvador! Cuando nos fijamos en la cruz no vemos lo que Dios hace, ¡vemos quien Dios es!

Lo que vemos y no vemos en la Cruz

La cruz no es un cuadro de pago, la cruz es una imagen del perdón. Viernes Santo no se trata de la ira divina. El Viernes Santo es el amor divino. El Calvario no es donde vemos cuán violento Dios es, el Calvario es donde vemos cuán violento somos.

La cruz no es el lugar donde Dios encuentra un chivo expiatorio para desahogar su furia, la cruz es donde Dios salva al mundo a través del amor abnegado.

Cuando la cruz es vista a través de los lentes teológicos de castigo, Dios es visto como un ser inherentemente violento que sólo puede ser apaciguado por un ritual de sacrificio violento. Los que están formados por este tipo de teología albergan un profundo temor de que Dios es una deidad amenazante de las que necesitan ser salvados.

Pero, ¿es esto cierto? ¿Es Dios un gigante vengativo cuya naturaleza esencial le obliga a descargar su ira sobre los pecadores con furia omnipotente? O ¿es Dios amor sufriente y compasivo, cuya naturaleza es la de ofrecer el perdón?

Lo que la cruz nos revela no es tanto lo que somos, sino quién es Dios.

Ya teníamos quizá una idea de ello. Pero en la cruz, vemos que Dios en su amor sufre con nosotros bajo el peso de nuestro pecado. Y vemos la forma escandalosa de un Dios: Su fuerza está en la debilidad, su victoria es en señal de rendición. Si queremos encontrar nuestra vida debemos perderla.

En la cruz Dios se inclina para conocer y salvarnos. No olvidemos jamás, que podemos encontrar a Dios al pie de la cruz.

Entonces comenzó Jesús a hablarles en parábolas: un hombre plantó un viñedo. Lo cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Luego arrendó el viñedo a unos labradores y se fue de viaje. Llegada la cosecha, mandó un siervo a los labradores para recibir de ellos una parte del fruto. Pero ellos lo agarraron, lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías. Entonces les mandó otro siervo; a éste le rompieron la cabeza y lo humillaron. Mandó a otro, y a éste lo mataron. Mandó a otros muchos, a unos los golpearon, a otros los mataron. Le quedaba todavía uno, su hijo amado. Por último, lo mandó a él, pensando: “¡A mi hijo sí lo respetarán!” Pero aquellos labradores se dijeron unos a otros: “Éste es el heredero. Matémoslo, y la herencia será nuestra.” Así que le echaron mano y lo mataron, y lo arrojaron fuera del viñedo. ¿Qué hará el dueño? Volverá, acabará con los labradores, y dará el viñedo a otros. ¿No han leído ustedes esta Escritura: “La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular; esto es obra del Señor, y nos deja maravillados”? – Marcos 12:1-11


 

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es colaborador en Preemptive Love Coalition, y miembro de sociedades como: International Jacques Ellul Society, C.S. Lewis Society, Thomas Merton NYC, y The Thoreau Society. Actualmente, se encuentra exiliado en Argentina.

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