¡Dura enseñanza es esta!

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Gran parte de la filosofía ética es en última instancia sobre la justicia, y puede ser resumido en la llamada “Regla de Oro”, tratar a los demás como nos gustaría ser tratados. En el Evangelio de san Lucas leemos: “Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” (6:31)

Sin embargo, en esta versión original y completa de la Regla de Oro, Jesucristo continúa dando una ética que es superior a cualquier otra ética humana, y sólo toma unas pocas palabras para expresarla: “Ama a tus enemigos”. Con esto, se les da a los cristianos una ética que está por encima de cualquier otra.

“Ama a tus enemigos” no se trata de equidad o justicia, e incluso va más allá de cualquier versión de la Regla de Oro a cual muchos podrían suscribirse. “Ama a tus enemigos” no se trata de juego limpio, ni siquiera de pelear batallas honorables contra nuestros enemigos. “Ama a tus enemigos” rompe con todas nuestras reglas éticas.

¡Dura es esta enseñanza ética!

Generalmente no queremos amar a nuestros enemigos. No queremos ni siquiera ser corteses con nuestros enemigos (e incluso con los que piensan distinto).

No lo merecen.

¡El respeto tiene que ser ganado!

¡Si no piensa como yo, está mal y hay que apartarlo!

Pero, ¿qué dijo Jesús? No podemos calificarlo de idealismo altruista poco realista como muchos dicen.

Personalmente, he hablado sobre amar a nuestros enemigos, sobre no pagar mal por mal, sobre ser pacificadores, sobre siempre procurar la paz y el amor en ocasiones anteriores, y se me ha acusado de pacifista (en términos peyorativos) e incluso de Hippie.

Pero un momento, esos defensores a muerte de la Biblia, parece que no la leen con detenimiento… Estamos hablando de un mandamiento de Jesucristo, el Dios-Hombre, el Salvador del mundo. Él es nuestro Señor. Eso significa que tenemos que hacer esto y todo lo que nos ha dicho. En realidad, tenemos que ser no sólo educados con nuestros enemigos y no sólo abstenernos de lastimarlos y tomar venganza.

De hecho, tenemos que amarlos, lo que significa ser auto-sacrificiales. Significa hacer el bien a ellos. Significa cuidarlos. Significa orar por ellos. Significa humillarnos y poner sus necesidades frente a las nuestras.

El amor es una acción, y este es el acto que tenemos que hacer por nuestros enemigos. No tenemos que sentir amor por nuestros enemigos. Dios no nos está pidiendo que tengamos cierta emoción acerca de ellos. Él nos está diciendo que actuemos de cierta manera cuando se trata de ellos. Y ese acto es amor, que es sobre el auto-sacrificio. Se trata de humildad.

Por otro lado, cuando escuchamos esta ética de Jesús, de amar a nuestros enemigos, podemos pensar en ello en términos de cómo tratamos a las personas que se oponen activamente a nosotros, a las personas que no nos gustan, etc.

Pero en un sentido más amplio, nuestro “enemigo” es realmente cualquiera que no nos está devolviendo lo que sentimos que merecemos cuando somos amables con ellos. En este sentido, podemos tener “enemigos” en nuestros propios círculos -tal vez nuestro esposo o esposa o nuestros hijos o nuestros amigos o nuestros compañeros de trabajo o compañeros de clase. Cuando somos amables, esperamos que sean agradecidos. Esperamos que devuelvan el favor. Y cuando no lo hacen, bueno, nos sentimos justificados en apartarnos y abandonar el plano del amor.

Así es como funciona, ¿verdad?

La familia es una calle de dos vías.

La amistad es una calle de dos vías.

Bueno, en realidad, no es cómo funciona.

Por supuesto, todo funciona mejor cuando todos los involucrados están en una relación de amor mutuo. Pero en ninguna parte de esta enseñanza de Jesús se nos permite hacer que nuestro amor dependa de cómo la otra persona nos ama y trata a cambio.

De hecho, Él dice explícitamente que eso no está bien, Jesús dice: “Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio.” Y acá nadie está haciendo ningún tipo de contorcionismo del texto.

El amor no es una calle doble vía como enseña en padre Andrew Damick. El amor es una persona que se sacrifica por otra, no importa lo que esa otra persona haga a cambio.

Si observamos atentamente nuestros corazones, tendremos que admitir que tendemos a esperar que el amor sea una calle de doble sentido. Incluso podemos llegar a ser adictos a buscar siempre algo a cambio.

¿Cómo sabemos si somos adictos?

¿Tienes resentimiento hacia alguien? Si es así, probablemente eres adicto a conseguir algo a cambio.

¿Tienes la sensación de que alguien es desagradecido por lo que haces? Entonces probablemente eres adicto.

¿Te sientes rechazado? Probablemente seas adicto.

Esta es una adicción profunda, y es muy difícil de romper. Pero esto es exactamente la adicción que Jesús nos está diciendo que rompamos cuando nos dice “Ama a tus enemigos”, especialmente cuando expande ese mandamiento, explicando que eso significa hacer el bien y el dar mientras no esperas nada a cambio.

Entonces, ¿cómo romper esa adicción? ¿Cómo superar el hecho de que nos encanta ser amados? ¿Cómo superar nuestra necesidad de dependencia de que otros nos traten como deseamos?

La clave está en lo que Jesús dice después de “Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio.” Él dice esto: “Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados.”

Debemos amar sin esperar nada a cambio, porque nuestra recompensa será grande. ¿Significa eso que vamos a obtener una gran recompensa o algo así? Él nos dice cuál es la recompensa: “Serán hijos del Altísimo”.

¡No hay recompensa mayor!

A Él que ama sin expectativa, toda gloria, honor y adoración, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es colaborador en Preemptive Love Coalition, y miembro de sociedades como: International Jacques Ellul Society, C.S. Lewis Society, Thomas Merton NYC, y The Thoreau Society. Actualmente, se encuentra exiliado en Argentina.

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