La Doctrina Cristiana y los Siete Concilios

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La Doctrina Cristiana y los Siete Concilios

Este es la tercera entrada de una serie sobre la Tradición, Historia, Concilios, entre otros.

Continuando la serie, en esta ocasión haré una introducción breve a la doctrina cristiana y a los Siete Concilios Ecuménicos, éste último lo trataré con más detalle en la próxima entrada.


El cristianismo, igual que el judaísmo, es una religión basada en la Escritura. La Iglesia primitiva se fijaba al principio en el Antiguo Testamento, repleto de profecías que predecían la encarnación de Cristo, como su Escritura. Durante el siglo II, las cartas de san Pablo, los Hechos de los Apóstoles y los cuatro Evangelios también fueron adquiriendo poco a poco el estatus de escrituras inspiradas por Dios.

Basando sus escritos quizás en tradiciones orales, los evangelistas recogieron para la posteridad lo que fueron las palabras exactas de Jesús y sus enseñanzas. Pero, ¿qué significaban las indicaciones sobre sí mismo que dio el Salvador? Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Dios vivo?”. Pedro contestó: “Tú eres el Mesías, el hijo del Dios vivo” (Mateo 16:13-16). Fuera cual fuera el significado de estas palabras para Jesús y sus discípulos, los cristianos posteriores las entendieron de diversas maneras.

Por esto, y otras dificultades, aún en la actualidad, los estudiosos explican las discrepancias en el propio relato de Jesús sobre sí mismo como un reflejo la diferente intención y base de partida de cada uno de los evangelistas que transmitían sus palabras. No obstante, en la Iglesia primitiva, estas afirmaciones debían tomarse frente a los valores y sólo podían ser entendidas como aspectos paradójicos reveladores de la doctrina cristiana.

Dios incognoscible

En esta y la siguiente entrada, veremos que las diferentes interpretaciones de la relación de Cristo el Hijo con Dios Padre, del Espíritu Santo en relación tanto con el Padre como con el Hijo, y de la forma en que la humanidad y la divinidad se reúnen en Cristo, condujeron a trágicos cismas en los primeros cinco siglos de la Iglesia. Sin embargo, es importante darse cuenta de que estas controversias no era resultado únicamente de especulaciones intelectuales (como muchos argumentas para “echar la culpa” a los estudiosos) sobre la Trinidad y la encarnación de Cristo.

Desde la caída de Adán y Eva, los seres humanos habían estado separados de Dios por su participación en el pecado. Pero Dios envió a su Hijo para que fuera uno de nosotros y nos redimiera por medio de su muerte y resurrección. Si Cristo ha conseguido salvar el espacio entre divinidad y la humanidad, es esencial que participe completamente de ambos estados del ser. Nadie menor que Dios puede salvar a la humanidad; así que Cristo debe ser necesariamente Dios. Sin embargo, al mismo tiempo, la humanidad sólo puede participar en la salvación ofrecida por la muerte y resurrección de Cristo si este es plenamente humano. El vínculo entre Dios y la humanidad sólo puede asegurarlo un salvador completamente humano y completamente divino, el Cristo encarnado.

Fuentes de autoridad

Los obispos se comprometieron a resolver las controversias referentes a la naturaleza de la Trinidad o de la humanidad y la divinidad de Cristo basándose en varias fuentes de autoridad que apoyaran las decisiones a tomar. Ante todo, la Escritura cristiana o Nuevo Testamento aceptados como canónicos hacia finales del siglo II,proporcionaron las bases más firmes para el entendimiento de Dios y de Cristo por parte de la Iglesia cristiana. Pero, tal como sabemos, hay muchos pasajes bíblicos que parecen contradictorios; tanto el entendimiento como el discernimiento espirituales debían dar un sentido a los distintos relatos evangélicos sobre Jesucristo.

En segundo lugar, a partir del siglo II, los obispos y maestros de la Iglesia consideraban que la tradición no escrita también tenía autoridad dentro de la Iglesia. Los primeros credos cristianos se basaron probablemente en “normas de fe” locales que se empleaban en la formación e iniciación bautismal de los conversos. Finalmente, los cristianos creían, y los ortodoxos y otros cristianos todavía creen, que Dios sigue revelándose a sí mismo ante nosotros a través de la inspiración del Espíritu Santo.

Las ideas expresadas en los siete concilios ecuménicos de la Iglesia, que se celebraron entre el año 325 y el 787, pueden ir más allá de las fuentes bíblicas en su formulación de la doctrina cristiana; sin embargo, esto refleja la continua implicación de Dios en la historia humana y el proceso gradual de la revelación divina. Como Gregorio Nacianceno afirmó en el siglo IV, algunas doctrinas, tales como la divinidad del Espíritu, sólo podían revelarse gradualmente, porque los discípulos de Cristo y sus seguidores no eran todavía capaces de entenderlas en su totalidad. “Percibes”, escribe Gregorio, “períodos de iluminación que nos iluminan poco a poco, y un orden de revelación que es mejor que preservemos, que no aparece en una sola llama ni mantiene el secreto hasta el final.”

Conclusión

La principal definición de la doctrina, que tuvo lugar en los primeros cinco siglos de la Iglesia y fue ratificada por una serie de concilios ecuménicos, proporcionó una base dogmática que compartes tanto el cristianismo oriental como el occidental. Tales definiciones formales de fe se hicieron necesarias en respuesta a los desafíos intelectuales y espirituales que surgieron en el seno de la Iglesia.

Es importante destaca aquí que, si les hubiera sido posible, los obispos habrían preferido evitar declaraciones tan formales sobre la naturaleza de Dios, y el hecho de que surgieron de forma espontánea lo demuestra. A medida que surgían cuestiones referentes a la naturaleza de la Trinidad o a la relación de Cristo el Hijo con Dios Padre, la Iglesia cristiana sintió que debía defender lo que consideraban auténtica doctrina cristiana, basada tanto en la Escritura como en la experiencia viva de la Iglesia.

En la próxima entrada, estaré detallando los sucesos acontecidos en los Siete Concilios Ecuménicos.


Datos tomados de autores diversos: Kallistos Ware, J.M. Laboa, M. Cunningham.

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es traductor de Publicaciones Kerigma. Escribe sobre diversos tópicos como espiritualidad, cristianismo oriental, vida cristiana, entre otros. Es amante de la lectura y la música. Junto a su esposa Erika Vari, reside actualmente San Juan, Argentina.

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