Cristo: cercanía plena de Dios al hombre

Cristo: cercanía plena de Dios al hombre

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Cristo cercanía plena de Dios al hombre

Un recorrido por las páginas de los Evangelios, pone enseguida de manifiesto la hondura de la unión de Jesús con el Padre. Así lo manifiestan diversas declaraciones solemnes, como las palabras que se escucharon en el momento del bautismo (Marcos 1:11; cfr. Mateo 3:13, 17 y Lucas: 22); la afirmación neta contenida en una de las disputas de Jesús con representantes del pueblo judío (Juan 10:30); o la respuesta de Jesús, durante el juicio, a la pregunta formal del Sanedrín (Lucas 22:70).

Y también, de modo muy particular, el comportamiento constante de Jesús, que revela una intimidad especial con el Padre, de la que los Evangelios nos conservan múltiples ecos: su oración, extremadamente sentida y confiada (cfr. Marcos 14:36; Lucas 23:46); su conocimiento especial, mejor dicho, único, del Padre (Mateo 11:27; cfr. Lucas 10:21-22, así como Juan 1:18); su unión profunda y rendida con el Padre (Juan 8:28-29); su entrega a ese querer llevada hasta el extremo de la cruz (Lucas 23:46).

Tocamos aquí el centro de la fe cristiana: una cercanía de Jesús al Padre que, trascendiendo lo meramente moral, manifiesta la realidad divina de Jesús, la verdad de Jesús como Hijo unigénito del Padre, como Palabra de Dios hecho hombre.

En Jesús, en efecto, se revela que Dios es no sólo un ser supremo y perfecto, sino un Dios vivo en el sentido más fuerte de la expresión, es decir, un Dios cuya vida, insondable e infinita, implica una también insondable e infinita comunicación: la vida de un Padre, de un Hijo y de un Espíritu en eterna y plena comunión. Y, a la vez, que ese Padre envía a su Hijo al mundo para que, hecho hombre, nazca de María, haga suya la condición humana y la dote de nueva vida mediante la comunicación del Espíritu.

El acercamiento de Dios a los hombres, ha llegado en Jesucristo a su culminación: Dios no es sólo un Dios que ama a los hombres, que se acerca a ellos, sino un Dios que se ha hecho hombre. Y que –cuestión también decisiva-, al hacerse hombre, ha introducido a toda la humanidad en el misterio de Dios.

En Cristo todo hombre está llamado a participar en la vida divina; más aun, en la medida en que está unido a Cristo participa ya de ella. Con Cristo hemos muerto, con Cristo hemos sido sepultados, con Cristo hemos resucitado, dirá San Pablo (cfr., por ejemplo, Romanos 6:4; Efesios 2:4-6; Colosenses 2:12).

Jesús, que estuvo en todo momento vivificado por el Espíritu, resucitó, como afirma el mismo San Pablo en otro lugar (1 Corintios 15:45), en Espíritu que puede vivificar y vivifica de hecho a la humanidad. La vida divina por la que Cristo vive, es vida destinada a ser comunicada, vida que desde Cristo y por la acción del Espíritu que Cristo envía, se comunica a los hombres.

En Cristo y por la acción el Espíritu, la humanidad participa del vivir trinitario y tiene acceso a Dios Padre. La separación entre Dios y la humanidad queda así plena y radicalmente superada. Dios no habita en un universo diverso del universo humano, sino que, haciéndose presente en nuestro universo, nos introduce en el suyo.


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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Certificado en Teología Espiritual (IFTI). Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es colaborador en Preemptive Love Coalition, y miembro de sociedades como: International Jacques Ellul Society, C.S. Lewis Society, Thomas Merton NYC, y The Thoreau Society. Actualmente, vive en Argentina junto a su esposa y publicista Erika Vari.

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