4 cosas que necesitamos hacer

4 cosas que necesitamos hacer

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Desde odio hasta apatía y orgullo, una variedad de respuestas emocionales son expresadas cuando la palabra “iglesia” es mencionada tanto a creyentes como a no creyentes. Ha servido símbolo de una sociedad que está en constante cambio, tanto de forma fiable y tumultuosa.

Desafortunadamente, muchos cristianos se han separado a sí mismos de la iglesia; en el mayor de los casos sin perder sus convicciones pero sí su compromiso con la actividad religiosa.

Al investigar el por qué de esta tendencia se vuelve desalentador ver las distintas situaciones de culpa y señalamientos. Y si bien podemos quedar atrapados en el por qué, la realidad es que no podemos pasar mucho tiempo allí.

Como cristianos debemos recordar algunas cosas que necesitamos hacer:

Entender que somos parte del Cuerpo, y los cuerpos necesitan moverse

Las similitudes entre nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo espiritual son ilimitadas. Por ejemplo, cuando vivimos vidas inactivas, nuestros músculos se debilitan y nuestro cuerpo corre el riesgo de paralizarse y sufrir enfermedades crónicas. Esto no es distinto de nuestro cuerpo espiritual a medida que nos encontramos sentados en el mismo lugar de siempre sin mover un dedo.

Ser una persona tibia es mortal.

Como parte de la Iglesia y del cuerpo de Cristo, necesitamos dejar la apatía y la comodidad y movernos a lugares de necesidad, marginalidad y dureza.

Es decir, leamos menos libros de autoayuda cristiana con un enfoque hacia el interior, y busquemos capacitarnos para tener una mente de misión, ya sea en nuestro hogar, en nuestros barrios o al otro lado del océano.

Ofrecer esperanza en lugar de miedo

Los frecuentes ataques terroristas en todo el mundo y en los países que parecen estar en una implosión, muestran a la humanidad una respuesta de horror y terror.

Esto nos lleva a preguntarnos si los tiempos finales están cerca. Nos distraemos con los artículos y vídeos que alimentan e intensifican el miedo, en lugar de luchar contra la oscuridad.

En realidad, parece que todo se ha puesto patas arriba, pensando que el miedo va a llevar a la gente a los brazos de Jesús, cuando es la esperanza lo que ha sido más eficaz siempre.

Siempre estábamos destinados a ser la luz, y no ser otra persona que busca apagar la luz. Nuestro trabajo como la Iglesia es ofrecer un lugar de refugio, seguridad y esperanza.

Dejemos que Dios se defienda a Sí mismo

A veces es irónico que pensemos que nuestro Creador no pueda manejarse como si nuestros pensamientos fueran más altos que los Suyos.

Ciertamente, Él nos llama a ser defensores y discípulos, personas que Le amen y busquen glorificarle.

No obstante, muchas veces hacemos de esto menos sobre glorificar a Dios, y más sobre mandar y obligar a otros a lo que es correcto. Cuando se convierte más en una batalla, creando una lucha entre nosotros y ellos, habremos llegado a un lugar que no es sobre Dios.

Podría ser el tiempo de parar de imponer legalismos, y orar por los Suyos.

Andemos con aquellos que están quebrantados

De nuevo, pasamos demasiado tiempo justificando, racionalizando y tratando de decidir si una persona merece nuestra ayuda y apoyo. Muchas veces hasta el punto de que simplemente no damos nada del todo.

Pero este es una situación de identidad errónea. Ciertamente no somos Jesús, pero se supone que seamos como Él. Por eso, no tenemos la habilidad de hacer un llamado de si un indigente en la calle merece bondad o el marginado merece una voz de ayuda.

La cosa es esta, si el Señor puede morir en una cruz por ellos, entonces nosotros podemos seguramente amarles. Es Dios quien establece el estándar de si una persona merece nuestra bondad o no, y ellos siempre la merecen.

Si, quizá eso es un poco difícil, pero como la Iglesia es a esto a lo que estamos llamados.

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About Jorge Ostos

Jorge es escritor y pensador religioso. Ha publicado dos libros: «Eskhatos» (2016) y «Más Humano, Más Espiritual» (2017). Es traductor de Publicaciones Kerigma. Escribe sobre diversos tópicos como espiritualidad, cristianismo oriental, vida cristiana, entre otros. Es amante de la lectura y la música. Junto a su esposa Erika Vari, reside actualmente San Juan, Argentina.

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